Saturday, November 28, 2015

Homilía, Preparense al Venido del Señor

Sábato XXXIV Semana del Tiempo Ordinario 
Collegio Pontificio Nordamericano 
Roma, IT
Nov. 28, 2015
Normalmente cuando se habla de los tiempos finales, del fin del mundo, discutimos las señales, las cosas que pasarán. Se vea todo eso en las películas apocalípticas y también en las pruebas de los fundamentalistas que tratan de identificar de la Biblia el cuando y el como del fin del mundo. Pero se queda en esto modo en las cosas superficiales, todo lo que sucede a fuera, todo lo que está exterior a nosotros. 

Por eso nadie quiere hablar sobre que pasará en el interior de nosotros, sobre que Jesús nos quiere hablar hoy del disposición de la mente o del corazón. Porque cuando caerá todas esas cosas exteriores que vale será la disposición interior, pues, del corazón. Entonces si queremos ser listo per el final debe que ser dentro de nosotros “una oración continuamente” y un paz que no permite a “las preocupaciones de esta vida entorpecer su mente” (Lc 21:34).

Pero de más esta disposición de corazón tiene que ser una de conversión o de penitencia. Hoy es el ultimo día del año litúrgico. Yo tengo el placer de darles la ultima homilía del año. Y aunque empecemos el Adviento mañana, la lectura del Evangelio será lo mismo, exactamente lo mismo de hoy. Entonces, la Iglesia presupone que tenemos la misma disposición interior, del corazón, enfrente del fin del mundo y el nacimiento del Señor. Y como indicado por la persona de San Juan el Battista, la disposición del Adviento de Cristo es de conversión. San Juan preparó el venido de Cristo predicando un bautismo para la conversión (Matt 3:11). Sí, Él sabía muy bien que enfrente de cualquier venido del Señor debemos que dar fruto digno de penitencia y ser listo para conversión interior (Cf. Matt 3:8-11). 

Pero esta disposición de corazón penitente enfrente del venido del Señor o el primer o el ultimo, no es una disposición interior de destrucción o de devastación total, aunque todo lo que está afuera está cayendo. No, como indica nuestro San Juan es un preparación del camino del Señor, un hacer rectas sus sendas (Matt 3:3).  Entonces, mientras todo quieren hablar sobre la destrucción del mundo afuera en el ultimo día, nosotros queremos hablar de la construcción del corazón penitente, la disposición interior de la conversión que nos deja estar de pie delante del Hijo del Hombre quien es Jesucristo nuestro Señor que viva y reina por los siglos de los siglos. Amen.  

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